PAZ Y BIEN
PARROQUIA INMACULADA CONCEPCIÓN
Domingo de Pascua
24- IV- 2011
Textos :
Hech.: 10, 34a. 37-43.
Col.: 3, 1-4.
Mt.: 28, 1-10.
“No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán”.
En este domingo de Resurrección celebramos la etapa fundamental del plan
salvífico. En torno a este acontecimiento gira todo el año litúrgico, porque la
resurrección de Cristo es el momento y la causa fundamental de nuestro regreso a Dios
y de la consagración a Él de toda la humanidad.
La resurrección del Señor es el fundamento de nuestra fe, y así lo expresa
claramente san Pablo: “…si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana
también la fe de ustedes” (I Cor. 15, 14ss) . De esta manera la fe cristiana se mantiene o
cae con la verdad del testimonio de que Cristo ha resucitado de entre los muertos.
Dios no es una idea, es una persona que se hace visible en su Hijo hecho
hombre que por nosotros murió y resucitó; este es nuestro anuncio, nuestro mensaje:
“¡Cristo ha resucitado!”, y en pos de sí arrastra no solamente al hombre, sino a la
creación entera y la inunda con Su luz (Cfr. P. De Lubac, El drama del humanismo ateo ).
Con la resurrección de Cristo ha sucedido algo verdaderamente nuevo que
cambia el mundo, la historia y la situación del hombre.
Hermanos, “nadie en el mundo ha dejado tras de sí un „ sitio vacío ‟ como el que
ha dejado el que ayer yacía en el sepulcro. Él, que entró en la historia con tanta fuerza,
ya no es aprehensible dentro de ella. „ Ha resucitado como había dicho ‟ ha abierto en la
historia cerrada una brecha que ya no se cerrará nunca” (Von Balthasar). Cristo “llegó a
ser la muerte de la muerte” (San Cirilo de Alejandría).
Con la Encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios se inaugura el humanismo
cristiano, y llega a su plenitud con la resurrección, ésta es la propuesta cristiana para la
humanidad por la que todos somos llamados a una plenitud definitiva y victoriosa sobre
la muerte.
La resurrección de Jesús que nos abre las puertas de la vida para siempre es el
corazón del humanismo cristiano, pues “la resurrección de Jesús – dice Benedicto XVI –
ha alcanzado una nueva posibilidad de ser hombre, una posibilidad que interesa a
todos y que abre un futuro, un tipo nuevo de futuro para la humanidad” (Jesús de Nazaret).
Hermanos, el misterio que hoy celebramos nos revela el amor de Dios hacia
nosotros y nos descubre nuestra altísima vocación y destino (Cfr. G. S. 22). Cristo por su
resurrección es para el hombre el “Principio de una grandeza inalienable” (p. De Lubac, op.
cit.).
El evangelio nos demuestra que contra toda pauta cultural del pueblo judío, son
las mujeres las primeras, entre los discípulos, en tener experiencia de la resurrección y
se trasformaron en las primeras en dar la Gran Noticia , la Buena Nueva que atravesará
los siglos y las culturas. Así se manifiesta como la condición de discípulos-misioneros
brota de Jesucristo resucitado como de su fuente (Cfr. Doc. Apar. 184).
Al contemplar la escena en la que Jesús resucitado envía a las mujeres a
anunciar lo que vieron a los apóstoles, comprendemos que “el impulso misionero de
nuestra vida hay que vivirlo partiendo de esa experiencia esencial (Mons. Van Thuan); es
la experiencia de la Iglesia naciente y que Pedro manifiesta afirmando: “…comimos y
bebimos con Él, después de su resurrección.
Es con lo ojos fijos en Cristo resucitado que se emprende el viaje hacia el
hermano para llevarles el anuncio consolador que Cristo ha resucitado.
Las mujeres, con temor pero llenas de alegría, se ponen en camino para
compartir la experiencia del acontecimiento que funda nuestra fe; ellas nos recuerdan
que nuestro gozo es anunciar al Señor resucitado .
Hermanos, sabemos que los tiempos no son fáciles para la misión; pero
escuchemos no solo al Ángel que exhorta a las mujeres a no tener miedo, sino al
mismo Señor que trata de quitarles el miedo preparando el camino de la fe (Cfr. San Juan
Crisóstomo, Hom. sobre el Ev. de Mateo p. 93).
Pidamos al buen Dios, no ayude a descubrir siempre en Cristo resucitado, al
Viviente, al que hace todas las cosas nuevas (Cfr. Ap. 21, 5) , y así ser testigos fieles y
alegres de quien es nuestra vida (Cfr. Col. 3, 4).
¡Felices Pascuas!
Amén
G. in D.
Sofía T. de Santamarina 551 – Monte Grande (B1842CCC) – Buenos Aires – Argentina
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